Private equity en el Perú: ¿por qué un mercado con tanto potencial tarda en despegar?

El private equity en el Perú lleva años en una situación paradójica: hay más atracción que nunca, el mercado creció sostenidamente en 2025 y hay fondos locales con track record demostrado, pero el salto hacia una industria madura y competitiva a nivel regional todavía no se da. Enfoca, la gestora de PE más grande del país con más de 700 millones de dólares de activos bajo gestión, es el mejor espejo de esa paradoja; ha enfrentado en estos últimos años dificultades para concretar la salida (exit) de alguna de sus posiciones que ya superaban el plazo de inversión, lo cual no representa una historia de fracaso, sino una historia del mercado, y el mercado tiene, al menos, dos tareas pendientes.
La primera es el problema que anticipamos de los exits de negocios. El private equity no es, en esencia, un negocio de inversión; es un negocio de desinversión. Un fondo compra, profesionaliza y vende. El problema del mercado peruano es que las rutas de salida son estrechas: (i) la Bolsa de Valores de Lima no es una opción realista para una IPO, (ii) los compradores estratégicos locales son limitados, y (iii) el mercado de ventas secundarias entre fondos —que en Estados Unidos o Europa es un ecosistema en sí mismo— aquí es prácticamente inexistente. El resultado es que los fondos que invierten bien, en buenos sectores y con buenos equipos, terminan atrapados esperando un comprador que no siempre aparece cuando el mandato del fondo lo requiere. No es un problema de la empresa de portafolio, sino de la profundidad del mercado «de desinversión». La solución a este problema no viene de una reforma legal ni de un cambio regulatorio, sino de algo más simple y más difícil: estabilidad política y crecimiento económico sostenido. El comprador que puede absorber los exits del PE peruano —el gran fondo regional, el estratégico multinacional, el family office latinoamericano— no toma esa decisión mirando únicamente el EBITDA de la empresa, sino también el riesgo país. Y en los últimos años, el Perú le ha dado razones suficientes para mirar hacia otro lado. Un ciclo virtuoso de estabilidad política no solo atraerá nuevas inversiones, también creará el mercado de compradores que el PE local necesita para cerrar el ciclo con normalidad.
La segunda tarea pendiente está del lado de las empresas potenciales para recibir la inversión. Para que un fondo pueda entrar, esa empresa necesita estar en condiciones de ser invertible: estados financieros auditados, una estructura societaria ordenada, contratos formalizados y una gestión que no viva exclusivamente en la cabeza del fundador. En el Perú, una fracción importante de las empresas medianas con real potencial no cumple esas condiciones. El due diligence llega y encuentra una caja negra: pasivos laborales sin provisionar, contratos verbales con clientes clave, ausencia de información sistematizada; elementos que ahuyentan a los fondos de materializar la inversión.
Aquí también hay una razón para el optimismo. El mercado peruano está atravesando un momento de transición generacional en la empresa familiar que representa, quizás, la mayor oportunidad de los próximos diez años para el PE local. Los fundadores y sus sucesores enfrentan, de manera general, dos caminos igualmente válidos: (i) vender, y ahí el PE es el destino natural, o (ii) quedarse, profesionalizar y crecer. Este segundo camino es, en cierta forma, un PE previo, ya que la nueva generación ordena la casa, instala sistemas de información, incorpora gobierno corporativo y construye el track record que un fondo necesita ver antes de invertir.
En síntesis, el private equity peruano no necesita un entorno perfecto, necesita un entorno suficientemente estable para que los exits sean posibles, y un tejido empresarial suficientemente maduro para que las entradas valgan la pena. Representamos un mercado con clase media creciente, sectores subpenetrados y empresas que todavía tienen mucho valor por desbloquear. Las dos tareas pendientes son reales, pero son tareas, no condenas.
Por Luis Hernández, asociado junior del área de Derecho Corporativo / Fusiones y Adquisiciones (M&A)
Publicado en la revista Columnas del estudio edición n°225.

